viernes, mayo 11, 2007

VS: Tetas reales vs Tetas falsas

Lo prometido es deuda y hoy comienzo esta nueva sección con el primer artículo Versus, el largamente esperado "Tetas reales vs Tetas falsas".

Antes que nada, antes de que la primera voz admonitoria me tilde de machista o se saque de madre cualquier frase que aquí pronuncien mis dedos al teclear sobre el qwerty, haré una declaración de intenciones con los Simpsons, nunca una serie de televisión ha sido tan clara y precisa a la hora de mostrar los sentimientos de una sociedad, y para este caso no van a ser menos.

Oh my god! (lo que quiero mostrar empieza en 4'20'', no encontré un video sólo de la canción)

Bien, superado el momento coral, hay que ponerse serios y discutir... ¿son mejores unas peras naturales o unas turgentes protuberancias operadas? Como en muchas ocasiones creo que en esta ocasión el depende sería el indudable ganador de la discusión, ya que ninguna de las dos opciones es ampliamente vencedora sobre la otra.

Por lo generar, las tetas operadas son auténticas maravillas de la ingeniería; siempre he dicho que los implantes de silicona son la demostración de que Dios no existe (ya que el ser humano ha logrado mejorar su obra), sin embargo tras el glamour del photohop y el video a baja resolución subyace un universo de cicatrices y deformidades capaz de quitarle el sueño al mismísimo Stephen King, ahí están, sin ir más lejos, las tetas de Ana Obregón, que dieron lugar en su momento a una de las más celebradas leyendas urbanas del famoseo de este país.

Está claro que un pecho operado, bien operado quiero decir, siempre va a llevar ventaja sobre su situación original, ya que al pasar por las manos expertas del cirujano se moldea y se acerca a la idealización del seno, a la imagen ideal platónica de la teta, lejos de la sombra cavernosa que fuera otrora. Por otro lado, una teta natural nacida con la fuerza y el espíritu suficientes, dotada de volumen y forma que la acerquen a ese seno ideal siempre, siempre, va a ser mejor que una teta manipulada por el bisturí; y eso es una verdad universal de la existencia, a la hora de la verdad, lo natural siempre es más sano y por si fuera poco el tacto, el movimiento, la cadencia y la sensación de saber que son naturales, ahí está la toxicidad; al igual que uno siempre preferiría comerse un tomate natural que uno transgénico, puestos a hablar de tetas siempre será mejor llevarse a la boca algo que no está relleno de un líquido tóxico de ingesta potencialmente mortal.

El problema de las buenas tetas naturales es su caducidad. Con el tiempo la piel se vuelve fláccida, las carnes se amorcillan y la maldita Ley de Newton acaba con todas las cosas bellas; lo cual no tiene por qué ser malo, ya que el resto del cuerpo les hará compañía (¿alguien se imagina ver a una viejecita de 80 años con las peras de Jenna Jameson?).

La teta es algo bello, sin duda una de las formas mágicas de la naturaleza (Dan Brown no tiene ni puta idea, tanto triángulo y tanta ostia), derivada de la esfera pero ligeramente manoseada y coronada cual pastel por una guinda de picante sabor, el pecho femenino es una de las cosas que más atraen a los hombres (y el que diga lo contrario miente o debería plantearse cruzar la calle a comprar armarios); probablemente un psicólogo os diría que la razón es que el cazador que llevamos dentro ve en unos senos grandes un montón de alimento para su descendencia, seguramente un psiquiatra lo relacionaría con la seguridad de la etapa lactante, un matemático con la inercia perfecta de la curva y un piloto de fórmula uno porque le recuerdan a las llantas de los coches. La verdad es que nadie tiene ni puta idea del por qué, pero es así, a los hombres nos gustan las tetas, es una verdad inanielable de la existencia, igual que "debajo de un peral siempre hay peras".

Esta verdad es la que, supongo, produce que las mujeres que no están contentas con su capacidad pectoral decidan pasar por el quirófano. Personalmente soy reacio a dejar que corten mi lustrosa y resbaladiza piel con lo que no logro comprender (salvo en casos extremos) que una mujer pueda preferir que le rajen el pecho y le introduzcan 450 ml de silicona antes que pasarse 6 meses en un gimnasio trabajando la musculatura pectoral (los resultados con un poco de autodisciplina son espectaculares), pero sin duda se está convirtiendo en un lucrativo negocio, tanto es así, que ya empiezan a verse incluso stravaganzas por la web del calibre de www.myfreeimplants.com una web donde las chicas pueden apuntarse para que un "patrocinador" les subvencione la mamoplastia a cambio de unas inocentes fotografías del resultado final. Sinceramente creo que esto es un poquillo pasarse y se acerca más al puterío que a la autorealización personal, pero allá cada cual con su idiosincrasia y con su cuerpo, si jamás censuraría a una meretriz por vender su sexualidad no seré yo quien tire piedras contra una moza por sacarse unas tetas al precio de un fotomatón (qué menos que hacerte las fotos con un profesional, ¡desagradecida!).

Finalizada la reflexión os dejo el enlace a una hermosa canción que profundiza en este tema tan serio.

A ver si reponen los Vigilantes de la Playa este verano, que ustedes lo gocen.

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